Nos dejó un grande, como jugador y como persona. Carlos Vicente Squeo se
fue de este mundo pero nos estará esperando en algún lugar para que sigamos
disfrutando, charlando sobre Racing y de la vida misma.
Carlitos había nacido el 4 de junio de 1948 en Dock Sud, el viejo barrio de
trabajadores ubicado en el partido de Avellaneda donde se crió. Debutó en el
equipo cercano a su casa, el Sportivo Dock Sud, cuando contaba 16 años de edad,
en ese club jugó entre 1965 y 1967. Desde allí su próximo paso fue Racing, la
entidad donde más se lo recuerda y donde dejó su marca y jugó más de 300
partidos. En Racing estuvo en tres períodos, 1967-72, 1974-77 y 1984. “Me inicié a los 14 años en Dock Sud, luego pasé a Racing Club,
por expreso pedido de José Santiago, coordinador de inferiores de Racing y me
terminó llevando»”, contaba el jugador. También
jugó en Vélez Sarsfield, Boca Juniors (campeón de la Copa Libertadores 1978),
Oro de Jalisco, México (1979-1980), Sportivo Belgrano de San Francisco (1980),
Loma Negra (1981-1983), Instituto de Córdoba (1983), Belgrano de Córdoba
(1985), Atlético Paraná (1985), Dock Sud (1987), Alumni de Villa María (1987) y
la selección nacional (participó en el Mundial de Alemania 1974).
Poseía una gran personalidad. Fue marcador de punta y mediocampista central, siempre con
mucha entrega y despliegue, tenacidad, garra, vehemencia, era el incansable
solidario que siempre estaba dispuesto para ayudar a sus compañeros del equipo.
También poseía una eficaz pegada de media distancia, que le permitió convertir
más de 30 goles en Racing. Debutó en la primera división académica en
1969. Ser campeón con Racing fue su gran cuenta pendiente. Estuvo
cerca en el 72, cuando quedó subcampeón. siempre fue muy querido por la
hinchada. Además, en 1974, gracias a sus actuaciones en Racing, fue convocado
para el seleccionado nacional en el Mundial de ese año.
Se caracterizaba por su perfil bajo, siempre educado y bien
predispuesto. Fue muy respetado y querible tanto en el ambiente
futbolístico como en cada actividad que llevaba a cabo. Dejó una gran huella en
el fútbol argentino, especialmente en la “Academia”, donde se lo respeta y
admira.
Se convirtió en uno de los símbolos
del club durante los años ‘70 pese a no haber podido ganar ningún título. Los hinchas de la “Academia” lo recuerdan como un baluarte de
excepción en épocas donde abundaba la mediocridad.

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