En
diciembre de 2001 nuestro país era una hoguera. Hubo un estallido social y el
presidente se había retirado de la casa de gobierno en un helicóptero. Todo el
mundo estaba pendiente de esta situación de inestabilidad nacional menos el
genuino hincha racinguista, aquél al que Racing le importa más que todo. En Argentina
reinaba la incertidumbre, nadie tenía claro lo que pasaría de allí en adelante.
Nadie excepto el hincha de la “Academia”, que tenía la mira fija en la posible
obtención de un campeonato oficial argentino después de 35 años de sequía solo
interrumpidos por el logro de la Supercopa en 1988 y algunas competencias
amistosas. El ansiado fin de la racha negativa tuvo su fecha el jueves 27 de
diciembre de 2001, el día que los simpatizantes académicos -asombrando a los
ajenos a su divisa- llenaron dos canchas a la vez ¿Cómo fue? Racing jugaba de
visitante frente a Vélez Sarsfield en “El Fortín” de Liniers. Llevaba tres
puntos de ventaja en lo que era la última fecha del torneo y solo con un empate
le alcanzaba para clasificarse campeón. Los hinchas coparon, llenaron el
estadio velezano pero también no dejaron hueco sin ocupar en el Coliseo de
Avellaneda. En el estadio “Presidente Perón” se colocó una pantalla gigante que
transmitiría en directo el desarrollo del cotejo jugado en la otra cancha ya
mencionada y con el campo de juego sin jugadores, los racinguistas no tuvieron
ese detalle en cuenta para colmar las gradas del templo albiceleste.
Ya se
describió sucintamente el ambiente que imperaba en ese entonces y cómo lo tomó
el hincha, ahora se tratará de describir cómo ese plantel llegó al tan ansiado
título.
El
director técnico que había designado el gerenciamiento para conducir al plantel
principal de Racing fue Reinaldo Carlos “Mostaza” Merlo. El entrenador no
llegaba con muchos antecedentes bajo el brazo, solo una buena tarea en
Chacarita Juniors, Belgrano de Córdoba y una parte de un campeonato en el banco
de River Plate. Pero logró consolidar dos factores fundamentales: le insufló
carácter ganador al equipo, algo nunca conseguido por décadas en el club salvo
contadísimas excepciones, y convencer a sus jugadores de la mística del “paso a
paso”, que sería reconocida por todo el fútbol argentino.
No hubo
grandes figuras individuales en la cancha, lo destacado por sobre todo fue el
equipo que, con jugadores de buen rendimiento aunque sin brillar, supo llevar
adelante el camino hacia la conquista construyendo un grupo unido, con mucho
coraje y valentía a prueba de cualquier obstáculo que se le presentara. Ejemplo
de ello fueron algunos encuentros increíbles como el agónico y salvador empate de Loeschbor ante Independiente; el partido contra
Estudiantes de La Plata, cuando Racing dio vuelta el resultado desde un 2-0 a
3-2, el emocionante empate (4-4) con Nueva Chicago y, para finalizar el tremendo
disparo de Bedoya a River casi sobre el final del cotejo consiguiendo un empate
frente al rival en la lucha por el campeonato que dejó a Racing arañando el título.
Además,
se los criticó mucho pero, con humildad, avanzaron con la causa para terminar
dejando mudos a sus detractores. En ese torneo se obtuvieron 42 puntos en 19
partidos, con 34 goles a favor y 17 en contra. Durante casi todo el campeonato
el “paso a paso” se convirtió en la ley a respetar, hasta el cruce con Banfield
en la fecha 17, con situaciones que dieron a pensar que se trataba de “bajar” a
la “Academia”. Allí, en ese momento, Reinaldo Merlo cambió el libreto al decir
que “Ahora me cansé, vamos a salir
campeones”.
Y,
antes de terminar, se recuerda que en esta misma fecha pero del año 1985,
Racing ganó el Octogonal de Ascenso para regresar a esa primera división de la
que nunca debió irse. Pero este es un tema para tratar en otra oportunidad.
El plantel campeón completo de 2001 fue el siguiente[1]:






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